CREDIBILIDAD Y CONFIANZA

CREDIBILIDAD Y CONFIANZA

La democracia representativa se sustenta en la elección al sufragio universal, directo o indirecto, de manera libre y secreta, de los representantes que, previamente a su elección, han defendido una ideología y presentado un programa que se comprometen a promover y/o a aplicar una vez elegidos. Esto supone cierta credibilidad de los candidatos, basada en sus competencias y habilidades a la hora de suscitar la adhesión de la población, generar una dinámica política o expresarse en público; en sus trayectorias vitales, profesionales y militantes; así como en la coherencia de sus pensamientos y acciones. De la misma forma, implica una sólida confianza entre los votantes y sus representantes, sustentada en la constancia de sus posicionamientos, la correspondencia entre sus discursos y actuaciones, y el respeto de la legalidad vigente. No en vano, hoy en día, asistimos a una pérdida preocupante de la credibilidad de los responsables políticos y de la confianza que los ciudadanos depositan en sus mandatarios, tal y como lo ponen de manifiesto los diferentes sondeos de opinión. Así, el barómetro del CIS indica que, para el 29,4% de la población española, los políticos representan uno de los principales problemas. Esa valoración negativa concierne los líderes políticos de todas las formaciones y afecta tanto a los partidos de gobierno como a las formaciones emergentes. A su vez, el nivel de confianza en los partidos políticos se sitúa a unos niveles históricamente bajos.     Por una parte, se observa una merma de la credibilidad de la clase política, en primer lugar, por su ineficacia y su incapacidad a arreglar los principales problemas a los que se enfrentan los ciudadanos, como pueden ser el desempleo, la precariedad laboral, los bajos salarios, las dificultades de acceso a una vivienda digna, la violencia de género, el calentamiento climático o el conflicto territorial. La crisis de 2008, que ha desembocado en un deterioro de la situación socioeconómica, y su gestión política, basada en la aplicación de políticas de austeridad, han acrecentado esa sensación de incapacidad de los políticos de influir positivamente en la situación diaria de los ciudadanos. En segundo lugar, ese desvanecimiento de la fiabilidad hunde sus raíces en la pérdida de valor de la palabra política. En efecto, los cambios constantes de opinión y las contradicciones frecuentes entre los compromisos adquiridos durante las campañas electorales y las acciones llevadas a cabo una vez llegados al poder, a propósito de políticas públicas concretas o de pactos, merman la credibilidad de los representantes políticos. Los cambios incesantes de Ciudadanos sobre posibles pactos con el PSOE o el apoyo a la investidura de Mariano Rajoy son prueba de ello. Los electores consideran que no son de fiar y subrayan la escasa coherencia...

Read More