LA POLÍTICA DE ORDENACIÓN Y DESARROLLO DEL PAÍS VASCO NORTE

LA POLÍTICA DE ORDENACIÓN Y DESARROLLO DEL PAÍS VASCO NORTE

El contexto actual está marcado, a la vez, por la exacerbación de las tensiones territoriales, con la metropolización de las capitales regionales, el auge del fenómeno periurbano y la despoblación de las zonas rurales cada vez menos dotadas en servicios públicos y empleos, y por el agotamiento de un modelo de desarrollo basado en la concentración de la actividad productiva, la explotación de los recursos naturales y el aumento de las desigualdades sociales. Si estas evoluciones no son específicas al País Vasco norte, encuentran en él una resonancia particular, tratándose tanto de una realidad histórica, cultural y político-administrativa como de un territorio de proyecto. Es preciso dar cuenta de esta manera original de concebir el territorio y de contemplar su ordenación y desarrollo apoyándose en una nueva gobernanza que aspira a asociar todos los actores concernidos en la concepción, implementación y evaluación de las políticas públicas. Todo empieza a inicios de los años noventa, en un periodo caracterizado por la desaparición progresiva de la violencia política en el País Vasco norte y la voluntad de los poderes públicos de pasar de una lógica de confrontación a una lógica de cooperación entre los poderes públicos y la sociedad civil organizada con el lanzamiento de la Prospectiva País Vasco 2010. Este trabajo, que moviliza los actores del territorio, consta de un apartado diagnóstico, que intenta realizar un inventario exhaustivo en los ámbitos económicos, sociales o culturas, y de otro apartado prospectivo, que distingue las diferentes evoluciones posibles del País Vasco situado al norte de la Bidasoa según las decisiones tomadas por las autoridades. Este informe provoca una toma de conciencia de los poderes públicos sobre la necesidad de poner en marcha, de manera urgente y perenne, unas políticas públicas ambiciosas en el territorio. No obstante, la elaboración y, luego, la implementación de semejantes políticas implica dotar el territorio de un dispositivo de gobernanza inclusivo poniendo énfasis en la participación de los actores de la sociedad civil organizada y la concertación permanente entre estos y los poderes públicos. Esto desemboca, entre 1994 y 1995, en la creación del binomio formado por el Consejo de Desarrollo del País Vasco (CDPV) y el Consejo de Electos del País Vasco (CEPV). Si el primero reúne a los representantes de las principales cooperativas, sindicatos y asociaciones o a personas que tienen una experteza en un ámbito preciso, el segundo aglutina a los principales cargos electos del territorio. Una vez el dispositivo de gobernanza puesto en marcha, el CDPV elabora y, posteriormente, pone en aplicación una metodología de trabajo que permite a las comisiones temáticas formular unas propuestas concretas en cada uno de los ámbitos abordados por la Prospectiva País Vasco 2010. Esta labor de varios meses,...

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ELABORAR E IMPLEMENTAR UNA AGENDA NACIONAL VASCA

ELABORAR E IMPLEMENTAR UNA AGENDA NACIONAL VASCA

Hoy en día, nos encontramos ante una situación paradójica. Por una parte, gracias a la construcción europea, la movilidad de los bienes y de las personas ha sido facilitada, Internet permite acceder a todos los medios de comunicación publicados a ambos lados de la frontera y se han multiplicado los organismos que fomentan la cooperación transfronteriza, a la imagen de la Eurorregión Euskadi-Aquitania-Navarra, la Eurociudad Baiona-Donostia o el Consorcio Txingudi. Por otra parte, la lógica institucional propia a cada territorio vasco, las inercias económicas, los universos cognitivos forjados por los sistemas educativos y los medios de comunicación, y el amplio desconocimiento de la lengua oficial del territorio vecino alejan las instituciones y las poblaciones de estos territorios. Ello se traduce por un escaso conocimiento mutuo, una curiosidad recíproca limitada y una falta de visión compartida de país que da lugar a una ausencia de agenda nacional vasca.   La solución no pasa por una visión puramente ideológica que afirmaría la unidad de las siete provincias del País Vasco situadas a ambos de la frontera sin tener en cuenta el peso de las historias, las especificidades de las culturas, la vigencia de los hábitos sociales y el carácter estructurante de las instituciones propias. Desconocer e infravalorar estas diferencias es la manera más certera de generar incomprensiones y dificultar cooperaciones fructíferas. El remedio tampoco consiste en querer imponer una visión supuestamente nacional y que, en realidad, esconde una representación parcial y ajustada a uno de los territorios vascos pero alejada a la de los demás. La resolución menos aún puede provenir de la reducida participación de los actores, tanto sociales como institucionales de cada uno de los territorios, en la elaboración de un diagnóstico compartido, la fijación de unos objetivos comunes a medio y largo plazo, y la determinación de las acciones concretas que permitan alcanzar estos fines.  Al contrario, la elaboración y posterior implementación efectiva de una agenda nacional vasca implica, en primer lugar, fomentar un conocimiento pormenorizado de la realidad existente en cada territorio vasco, en sus componentes políticos, económicos, sociales y culturales, no para conformarse a ellas ni lamentar las distancias que las separan, sino para ser conscientes de las fuerzas y debilidades, obstáculos y oportunidades en vigor. Solamente un profundo conocimiento permite ajustar las estrategias y adoptar las medidas oportunas. Así como la curación de un paciente exige que su médico realice un diagnóstico previo, ajustado a la patología que padece y teniendo en cuenta su historial, para poder prescribir una receta médica eficaz, dicha agenda implica conocer en profundidad los actores y territorios que se quieren aproximar. Asimismo, esto supone huir de las visiones puramente idealizadas de los territorios vascos que distan, de manera notable, en su...

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